3 de diciembre de 2018
TORNEO CLAUSURA DE PRIMERA DIVISIÓN
Alumni mantuvo el gesto, al menos de manera pública, de no autoproclamarse campeón luego del espectacular partido de la ida y la goleada a favor. Un gesto de respeto al rival y una manera de no desenfocarse luego de haber plasmado en el Ricardo Infantino quizá el mejor rendimiento de todo 2018. Pero no admitir que aquella espesa diferencia, en todos los sentidos, construida en la ida fue la que resolvió este pleito, es negarse a lo demasiado evidente. Y esto no pretende irrespetar a Boca Juniors o negar las vicisitudes que siguen haciendo de este juego algo hermoso (algo de juego debe quedar).
Por Silvio Randazzo
Alumni produjo con su juego una diferencia futbolística inédita en muchas en las finales más recientes de los torneos de Primera. Apabulló a Boca en la ida y ayer lo que hizo fue quitar toda sospecha de casualidad de aquello sucedido siete días antes. Volvió a producir una bonanza de rendimiento muy meritoria y posibilitó que el plantel que dirige Facundo Vitale (flanqueado por Germán Pérez y Adrián Monzón) dé su segunda vuelta olímpica en el año. El mismo entrenador al que parte de la parcialidad alumnista repelaba furiosamente en el Alumni-Vélez del Apertura.
En parte, el cotejo de ayer se fue proyectando como una continuidad de los noventa minutos de la ida, fundamentalmente de aquel lujoso primer tiempo. Boca pretendía no dejarse llevar por su propia vorágine mental, esa que seguramente insistiría con el marcador a revertir. Pese a ese ensayo de paz, tempranamente el local desequilibraba a la endeble defensa xeneize, jugando por los costados, quitándole comodidad a Sierra y Carmona. Para usar una referencia precisa, antes de los primeros 10 minutos Rodríguez ya usufructuaba perfectamente la borda izquierda y resultaba imparable, ya Parodi y Zirilli habían perdido ocasiones nítidas de gol y ya Íbalo se perfilaba para figura boquense (finalmente lo fue, por mucho).
Por momentos Alumni centralizaba a Guevara, Parodi y Zirilli, con ello se cerraba la defensa rival y alternaban ellos el rol de pívot y asistidotes de los volantes y los laterales que carreteaban, abiertos, sobre el área auriazul. Demasiado volumen ofensivo para un Boca que necesitaba imperiosamente respirar atrás para agotarse en ataque.
Dos goles albinegros en siete minutos quitaron la escasa (muy escasa en lo que a expectativa por la definición se refiere) gracia que la final ya poseía. Gau cometió un grosero error al intentar pasar el balón de cabeza a su arquero; fue un pase involuntario a Kevin Guevara, que venció a Íbalo sin problemas. Después, el festejo fue de Gonzalo Castro, habilitado por la puesta en juego rápida de un tiro libre cerca del área, todo Boca distraído, el arquero que rechazó el primer intento del 4 pero no pudo con la situación luego del rebote.
El complemento comenzó con un nuevo festejo albinegro, confirmando ya con mucho relieve el rumbo indiscutible de la final. Guevara volvió a marcar, ahora con un disparo de zurda, por lo bajo, al poste izquierdo de un arquero sin reacción.
Alumni no resignaba un ápice el control completo del encuentro. Se protegía sin considerar nunca la opción de defenderse, de especular, de hacer andar solita la enorme diferencia en el tanteador. Entero físicamente, con una escenografía futbolística que no se desvirtuaba, el campeón se enfocaba en no desalinear su rendimiento. Un rendimiento que de no haber sido por Íbalo, hubiera hallado más resonancia en la red.
Las modificaciones en sendos equipos favorecieron una relativa paridad en el trámite de un partido que ya (ni en el contexto de la llave ni el contexto más reducido) no ofrecía interrogantes. Un último sacudón ofreció el juego, dos goles para cristalizar la cifra: Cristian Blando marcó, de penal, el cuarto tanto cebra y, a los 38’, Juan Fernández descontó. Apenas un detalle para el goleador boquense en el certamen.
Alumni es bicampeón de la LFA, otro logro que más allá de los méritos deportivos, se basamenta en una decisión institucional de mirar para adentro (casi no apeló a refuerzos) y que mantuvo un plantel que necesitaba de tiempo para responder a las ambiciones de Vitale. En los 180 minutos de la final ante Boca, Alumni convirtió, en promedio, un gol cada 20 minutos. Parece que el tiempo le dio la razón.
LA FIGURA
Cristian Blando
El notorio rendimiento colectivo de Alumni tuvo varios puntales individuales, muy buenos, el mejor de ellos (según esta opinión) llamado Cristian Blando. El 5 lo pudo todo, desde el oficio posicional y el aporte en la marcación hasta sus dotes como buen pasador, la chance siempre posible para descansar la tenencia en él y, como coronación personal, la cuota goleadora vía penal.
Alumni 4
Boca 1
Alumni
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